LOS CELOS EN LA PAREJA

En una cultura como la nuestra, en la que la posesividad es extrema, tanto en relación a las cosas como a las personas, los celos son un fenómeno muy frecuente en todo tipo de relación interpersonal y observarlo proporciona mucho material para reflexionar.

En esta ocasión comentaremos los celos que se dan en las parejas que tienen como “norma” la monogamia y, concretamente, que impacto tiene en las personas. No nos detendremos en la polémica de si los celos son una conducta innata o aprendida, ya que no hay una evidencia clara acerca de que sentimientos y conductas son parte de nuestra herencia biológica y cuáles son los aprendidos desde el vientre materno hasta la muerte, en la interacción social.

Partiremos del hecho concreto de que el hombre y la mujer experimentan una intensa pena por celos, cuando sienten la amenaza de perder a su ser querido, frente a una tercera persona. Es un sentimiento que surge desde lo profundo y genera dolor, desilusión y miedo al abandono, acompañado frecuentemente de vergüenza y no aceptación del sentimiento, por considerarlo “inadecuado”, con angustia y culpa, dependiendo del caso. Las causas de los celos van desde las subjetivas (sin causa real), por mera inseguridad personal, y falta de confianza en la propia capacidad de generar amor, hasta las objetivas, frente a un “rival real”, que puede “arrebatar” a la persona amada, es decir, temor a ser abandonado, porque se está sintiendo abandono.

Las reacciones varían mucho entre el hombre y la mujer, pero se dan como mecanismos de defensa, en forma de violencia, actitudes agresivas; de disimulo, formas disfrazadas; o desistencia, dejar de luchar.

He observado que el hombre, cuando siente celos, tiende a sentirse defraudado, humillado y deprimido en un primer momento, aunque muestra agresividad, y después puede venir la desistencia, es decir, ya no hacer esfuerzo por recuperar a su amada, y tal vez se da a la búsqueda de otra pareja, no sin experimentar inseguridad y desconfianza.  La mujer, en cambio, tiende a desarrollar más mecanismos de competencia, iniciando una lucha “feroz” por reconquistar a su pareja y no permitir que “otra” se lo “quite”.  Estas reacciones pueden variar de intensidad desde las más primitivas hasta las más sutiles.  De todas maneras, los celos indican que algo no está bien en la relación, pues son fruto de inseguridad en sí mismos o en el otro, lo importante es confrontar estos problemas y no eludirlos.

En general es difícil que se dé una franca aceptación de los propios sentimientos y comúnmente se tiende a disfrazarlos, devaluando a la otra persona o a sí mismo. Estos celos no reconocidos suelen causar mayores problemas, pues generan conductas instintivas e inconscientes en otras áreas. Por ejemplo, el hombre que al sentir celos por su pareja no lo reconoce ni lo expresa, y por otro lado tiende actitudes agresivas con ella, a veces sin explicarse el porqué. O la mujer siente celos y se devalúa a si misma en lugar de reaccionar contra su ser querido.

Es importante considerar que los celos son una reacción “natural” en este tipo de sociedad en que vivimos e incluso hay la posibilidad de que a veces sea una respuesta apropiada a algunas situaciones interpersonales y que pudiera servir de sobrevivencia psicológica y cultural. Sin embargo, tenemos que afirmar que este tipo de sentimientos, si no se pueden evitar totalmente, si se pueden regular, si se tiene un sentido claro del amor en la libertad, con una comunicación llena de confianza en una relación igualitaria.

Si un matrimonio o una pareja se comprometen realmente a amarse el uno al otro, cada uno evitará hacer cosas que dañen al compañero, por lo tanto, se evitarán toda persona o circunstancia que pueda dañar la relación, pero por opción personal libre, porque se está satisfecho profundamente con el tipo de relación que se lleva y no como obligación o norma coercitiva.

Si una pareja está comprometida en un proceso afectivo profundo, es importante aprender a compartir siempre sus sentimientos, por más horribles que parezcan, en lugar de ocultarlos y dejar que se intensifiquen. En el fondo, creo que toda persona desea tener una relación cercana, profunda y permanente, una relación duradera con exclusividad sexual, en la cual uno pueda conocer al otro como una persona integral y en la que pueda ser conocido de la misma forma. El deseo subyacente en el ser humano de amar y ser amado.

Esto es posible si se lucha por mantener una relación respetuosa, igualitaria y recíproca y si se busca adecuarse constantemente al proceso siempre cambiante de cada uno como individuo y de la relación de pareja en si, existiendo oportunidad de crecimiento para ambos y no fomentando la posesividad y el control.

María Teresa González Alcocer