LA MUJER Y EL DINERO

Existe desconfianza en la mujer en el manejo del dinero. “Las mujeres se gastan el dinero en caprichos”, se dice “dale dinero a una mujer y le salen alas”, se bromea, “La mujer sólo sabe gastar”, etc., En general a los hombres les da temor cuando las mujeres manejan el dinero.

El dinero se ha vuelto el “centro” de la sociedad; en una sociedad de consumo en donde el dinero es el motor que “mueve” el mundo, un mundo masculinizado, manejado por el hombre, que tradicionalmente es el que ha operado los grandes capitales, las grandes empresas, ha trazado las políticas económicas y las estrategias financieras, decide las inversiones y las transacciones comerciales, en suma echa a andar al mundo moviendo capitales.

Históricamente, en cambio, a la mujer se le ha relegado a lo doméstico, a su hogar, sin retribución económica y solamente se le ha permitido administrar el “gasto” cotidiano, “el chivo”; es la encargada de comprar suministros de la casa, en general sólo maneja la economía familiar y la gran mayoría de las veces, ni siquiera decide sobre compras o inversiones mayores, dándose en ella una total dependencia, que impide su desarrollo.Entonces se crea el gran mito: “La mujer no sirve para manejar el dinero”. Este mito ha causado múltiples injusticias con las mujeres que tienen igual potencial que el hombre para manejar el dinero y que no lo han podido desarrollar por su falta de oportunidades, pues es una cuestión práctica que se aprende con la experiencia diaria, y que no es exclusivamente de un sexo. Todo manejo operativo es producto de la asimilación de unas influencias socio culturales que se trasmiten de generación en generación y el manejo del dinero no se escapa a esta influencias. Es decir, de la forma como nos llegan ciertos patrones de conducta, ciertos esquemas en los diversos aspectos de la vida, a través del aprendizaje familiar, es la forma en que vamos a adoptar un manejo operativo específico. Si a la mujer, en general, se la ha vedado el campo económico, es explicable que no sea su “fuerte” en la actualidad.

En cambio, en la medida que a la mujer se le ha dado la oportunidad de aprender las leyes básicas de la economía y se le permite trabajar para generar recursos, ha podido perfectamente asumir la responsabilidad en cualquier dimensión, como lo han demostrado el número cada vez más creciente de mujeres dedicadas a los negocios, que aúnan sus cualidades femeninas de intuición, facilidad en las relaciones y la percepción detallada, etc., a la creciente habilidad para manejar dinero.

Pero aquí cabe hacer una consideración ¿Cuál sería el objetivo de que la mujer asume funciones financieras? ¿Sería acaso igualarse al hombre para “hacer” lo mismo que él y romper el mito? ¿Sería una liberación para la mujer lograr ser independiente económicamente? Si se busca el desarrollo global de la persona sería un error basar solamente en el aspecto económico el problema. ¿Cuántas mujeres que logran generar sus propios recursos y tener independencia económica, son de hecho emocional y existencialmente dependientes de otros, ya sea padres, hermanos o esposo y no consiguen un desarrollo armónico como personas?

Con la claridad de que el manejo del aspecto económico no es exclusivo de un sexo, es una habilidad humana que se desarrolla con la práctica. Es saludable y necesario que las mujeres (mitad de la población), hagan su aporte y contribuyan al desarrollo material. Pero no quiere decir esto, que al igualarse la mujer con el hombre, en el “hacer” y “tener”, automáticamente consiga el logro de su desarrollo total. Su incursión en el campo económico, debe interpretarse como un medio o acopio de recursos para facilitar su mayor conquista: su auto-conducción, su crecimiento integral, en fin puede ser una trampa para impulsar con más fuerza el desarrollo de su “ser” persona. Con el objetivo de seguir impulsando el progreso global de la humanidad, la mujer debe entrar en el campo económico, buscando su realización personal e imprimiendo a la actividad financiera un sello característico de su ser femenino.

Siendo la mujer generadora de vida, seguro contribuirá a establecer esquemas de mayor justicia social, plasmados en modelos de óptima productividad, por la valoración y mejor consideración del factor humano en las empresas, haciendo efectivo el principio de que los niveles de productividad solo se elevarán mejorando la calidad de la vida del elemento humano, dejando atrás esquemas explotadores y egoístas.

La conducción del campo económico, conjuntamente, entre el hombre y la mujer, podría hacer efectiva la armonización del “ser”, del “hacer” y del “tener” en nuestra sociedad.

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