LA MUJER SOLTERA

La mujer que no se casa, recibe un trato muy particular en nuestra sociedad, está rodeada de una serie de prejuicios que le impiden su desarrollo o le obstaculizan su evolución como persona. Todavía se da un conflicto muy marcado entre la capacidad afectiva de la mujer, hay una dicotomía funcional entre su lado creativo, intuitivo, afectivo, y su lado lógico analítico, intelectual, Se consideran incompatibles en la práctica.

Frecuentemente, se dan casos de mujeres que renuncian a cultivar su talento, a llevar hasta sus últimas consecuencias la pasión de aprender, de ejercer una profesión, porque temen que no podrán combinarlo con una vida afectiva completa, les da miedo la soledad, la crítica de quienes las rodean, el aislamiento, la frustración sexual y social que todavía representa entre nosotros la soltería.

Porque no se elige ser soltera como una forma de vida, sino que se “queda soltera”, esto es, se capta pasivamente un destino que los demás le imponen. Quedarse soltera significa, que ningún hombre la considera digna de llevar su nombre, ni de remendar sus calcetines, significa convertirse en el comodín de la familia: ¿Hay un enfermo que cuidar?, allí esta fulanita que como no tiene obligaciones fijas… ¿Hay que encargar a los niños?, allí está fulanita que hasta va a sentirse agradecida porque durante unas horas sentirá la ilusión de ser madre ¿Hace falta dinero? pues si fulanita lo ganó o heredó, que lo de, ¿Con qué derecho va a gastar en sí misma, cuando los demás tienen “verdaderas necesidades”, ¿Por qué las necesidades de los demás son “verdaderas” y las de las solteras son caprichos? Porque como mujer, tiene que dar, compartir. Sólo justifica su existencia en función de los demás, y si a la mujer soltera le tocó en suerte de estar sola ¿Por qué no disfrutar al menos de las ventajas de la soledad?. De ninguna manera deberá “arrimarse” a una familia, solo con los padres, los hermanos o los primos o tíos; ellos proporcionarán el respaldo que no tiene o el respeto que no merece por sí misma. Ante éste “no ser” de la soltera, no le queda más alternativa que la rendición incondicional o la ruptura completa, y una ruptura no se logra sin un gran gasto de energía, sin desgarramientos internos, que a veces la marcan para siempre, o por lo menos le diminuyen la capacidad de atención a los estudios o al trabajo. Y una mujer que no ha adquirido y no se reconoce ni le reconocen la categoría de persona, será una deficiente profesionista. Aún hoy se da la desconfianza en los profesionistas mujeres. ¿Cuántos clientes confían la construcción de su casa en manos de una arquitecta? ¿Podrán lidiar con la plebe de los albañiles? y ¿Cuántas flamantes arquitectas hacen realmente el trabajo y los que dan la cara son sus compañeros hombres?. Algunas profesionistas se preguntaran si valió la pena tantos sacrificios, afrontar tantos riesgos para recoger tan pocos frutos. Es un círculo vicioso. La cosecha no aumentará, mientras no aumente el prestigio de quien desempeña muy bien su oficio. Y el prestigio será el resultado de la eficiencia y esta depende mucho del equilibrio interior. Un equilibrio interior, que todo conspira a destruir.

Hay que hacer algo para romper ese círculo. Explorar el problema. ¿Qué es lo que fundamentalmente impulsa a una mujer en México a salirse del molde tradicional y a buscar en la educación la independencia económica?. ¿Hasta qué punto acepta esa independencia como una conquista o la soporta como una culpa? ¿Hasta qué punto la independencia económica es igual a la responsabilidad y la autonomía social? Una mujer que aporta su ayuda para el sostenimiento de la casa, ¿Recibe un trato semejante, o distinto al de una mujer que no trabaja fuera de la casa? Si es semejante ¿Cómo recibe esto?, si es distinto, ¿Es mejor o peor?, si es peor ¿Lo acepta sin protestar?, ¿Por qué?, si no lo acepta, ¿A qué se expone?. Es conveniente tener una idea clara de lo que está ocurriendo. Sería bueno analizar las costumbres y ver que tiene de ridículo, obsoletas y cursis y reírnos de ellas.

El nuevo mundo que está surgiendo exigirá el esfuerzo y la colaboración de todos. Y entre esos todos, está la mujer soltera con una potencialidad de trabajo enorme, que se debe apreciar, valorar y estimular. Reconocer ante todo su intrínseca dignidad de persona, en lo individual y social. Dejar de considerarla una inválida, por no tener  un hombre al lado. La mujer puede y debe desarrollar todas las capacidades que tiene como ser humano y no dejarse condicionar por mitos o tradiciones alienantes, ni traicionarse a si misma.

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