Cómo tener una relación armónica entre la suegra y la nuera

MUJERES: SUEGRA Y NUERA

Todas las relaciones humanas son difíciles, ya que los seres humanos somos complejos, estas relaciones se tornan más complicadas si se quiere que sean relaciones en donde se dé un intercambio solidario, de confianza, aceptación y respeto mutuo. Pero una relación entre suegra y nuera, por lo general, suele ser más conflictiva que otros tipos de relación, incluso más complicada que la que se da entre suegra y yerno.

¿Por qué la mayoría de las mujeres no pueden ser amigas de sus nueras y viceversa? ¿Por qué no pueden experimentar sentimientos solidarios como mujeres? Existen diversos factores que condicionan esta problemática, aquí hablaremos de algunos, advirtiendo que no son los únicos y no se dan siempre.

Por un lado está la condición de madre; en nuestra cultura existe una influencia muy fuerte del sentido de propiedad, que se usa no sólo con respecto a las cosas sino también con respecto a las personas: el obrero le “pertenece” al patrón, los hijos a los padres, la esposa al esposo, etc. Así muchas madres consideran al hijo de “su propiedad” desafortunadamente y se dan casos en que aun de adultos se quiere determinar sus vidas y continuamente intervienen en ellas, con el pretexto de buscar su bienestar.

A una mujer que desde niña le han enseñado que la maternidad es la “máxima realización” y que es una tarea “eterna” y vive sólo en función de esto, esperará que el hijo permanezca con ella agradeciéndole su entrega.

Este tipo de madres, verá como una intrusa a la mujer que elija su hijo para casarse, sentirá que su nuera se lo “quita” reaccionando con actitudes de defensa, agresivas en forma abierta o velada.

Por el lado de la nuera, también se dan actitudes defensivas y de competencia, implícitas o explícitas, para demostrar superioridad de habilidades en la cocina, la casa etc.; ya que la suegra se convierte en la “estricta guardiana” del cumplimiento de los “deberes” de la mujer en la persona de su nuera. En lugar de reconocer en ella a una compañera de su misma condición, exige a la nuera ser excelente “ama de casa” y por no tener consanguinidad, la exime incluso de alentar algo de compasión que sí puede experimentar por su hija. En la sociedad de tipo industrial en que vivimos, la separación de vivienda de las parejas jóvenes, contribuye a disimular las verdaderas relaciones entre las familias políticas, en cambio, el estudio de los pueblos primitivos pone al descubierto la realidad de aquellas. La antropóloga Lucy Mair dice: “El único consuelo de la nuera es que algún día ella será suegra: está en la naturaleza de las cosas que su situación no dure demasiado tiempo”. Lo mismo ocurre, – y quién sabe si en mayor grado – en la India, China y el Japón.

Varios escritores han señalado que la dureza de las suegras es una manera de vengarse por los sufrimientos de su propia juventud.

En las sociedades rurales, la mujer sale de su propia familia y pasa a pertenecer a la del marido. Actualmente ni la vivienda ni la economía hacen ver las cosas así en nuestras ciudades; pero en el fondo subyacen éstas costumbres, ya que la mujer toma el apellido del marido o se convierte en “mujer de”; y el apellido paterno se da a los hijos que es el que perdura por generaciones. A la suegra le pasó esto, lo aceptó, cumplió su papel y espera luego que otra mujer, su nuera, haga lo propio con sus hijos.

Si ambas mujeres: suegra y nuera, que han caído en éstos estereotipos, revisaran las costumbres negativas y formas de vivir las relaciones familiares, si las dos tuvieran una actitud solidaria, de mutua ayuda y comprensión, si dejaran de competir por un hombre (hijo o marido), evitarían desgastes inútiles y dejarían de tener esas contradicciones tan dramáticas, lograrían enriquecerse con una relación de compañeras, más que de enemigas. Si las dos fueran amorosas, compartirían más entre si y la nuera tal vez aprendería de la suegra y ésta de la frescura de la nuera; evitarían errores costosos, empezarían a verse como dos seres humanos, como dos personas, que pueden comunicarse positivamente y disfrutarse, para el bien de ellas y de toda la familia.


Artículo elaborado por: Ma. Teresa González Alcocer